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Marcos nuevos para investigaciones vinculadas con el trabajo sexual

Laura Agustín D 'Andrea
Publicado primero en Research for Sex Work, 5, junio 2002, 30-32.

En octubre de 2001, en un viaje a Australia y Tailandia, conocí a cinco mujeres latinoamericanas que tenían cierta conexión con el sector de la prostitución: la dueña de un burdel legal, dos inmigrantes que trabajaban para ella en Sidney, y dos mujeres de un centro de detención para inmigrantes ilegales en Bangkok. Estas cinco mujeres procedían de Perú, Colombia y Venezuela, pertenecían a diferentes estratos sociales y tenían edades muy diferentes.También las historias que me relataron eran muy distintas.

La dueña del burdel tenía ahora residencia permanente en Australia. Sus trabajadoras inmigrantes habían llegado con visados para estudiar inglés, lo que les daba derecho a trabajar, pero para obtener el visado habían tenido que pagar por adelantado todo un curso de ocho meses, lo que significaba contraer una gran deuda. La «madame » era muy afectuosa con ellas, pero también las sometía a un estricto control; vivían en su casa y se desplazaban con ella al trabajo. Les estaba enseñando la profesión. Los trabajadores de acercamiento (outreach) de un proyecto local no hablaban español.

De las dos mujeres detenidas en Bangkok, una lo había sido en el aeropuerto de Tokio con un visado falso para Japón. Había sido invitada por una hermana que había sido trabajadora sexual ilegal, y que ahora era una vendedora ilegal en esos ambientes. La mujer había sido deportada hasta la última escala de su viaje, Bangkok; allí había permanecido encarcelada durante un año antes de ser enviada al centro de detención. La segunda mujer había sido detenida debido a las imágenes grabadas por una cámara durante el atraco que su novio y otros individuos habían perpetrado en Bangkok, después de viajar con ellos por Hong Kong y Singapur; acababa de cumplir una condena de tres años antes de ser enviada al centro (además, sus papeles eran totalmente falsos, incluso con cambio de nacionalidad).

Las dos mujeres detenidas estaban esperando a que alguien pagara su billete de avión para regresar a sus casas, pero nadie se ofrecía a hacerlo, puesto que el grado de complicidad en sus situaciones las descalificaba para obtener ayudas destinadas a las víctimas del tráfico humano, y no todos los países latinoamericanos mantienen embajadas en Tailandia. Sólo una persona de una ONG local que visitaba el centro de detención hablaba español.

¿Cómo podemos interpretar estas historias?

Considerando las diferencias entre las historias contadas por estas mujeres, los términos "trabajadoras sexuales migrantes " o "víctimas del tráfico de seres humanos " son poco adecuados y no ayudan a comprender por qué ni cómo llegaron a sus situaciones actuales. El uso de etiquetas es una cuestión muy subjetiva que depende más del investigador de turno que de la forma en que las mujeres hablan sobre sí mismas; es como intentar que unos asuntos complicados encajen en un modelo preparado de antemano. Las siguientes descripciones ilustran esta complejidad.

Aunque las dos nuevas trabajadoras inmigrantes en Sidney parecían aceptar el trabajo que habían empezado a realizar, existía una clara ambigüedad sobre la importancia del curso de idiomas que sirvió de pretexto para obtener el visado, y sus deudas no les dejaban mucha alternativa sobre los trabajos que podían hacer.

La mujer que emigró a Japón creía que no tendría que comerciar con el sexo, pero su propia familia había intervenido para conseguirle papeles falsos, y ella se sentía muy culpable y angustiada. La mujer detenida por el atraco parecía haberse prostituido durante sus viajes, pero sin una intención o destino en particular, y sin darle demasiada importancia al asunto. El número total de clientes atendidos en sus viajes y sus trabajos era elevado;entre las nacionalidades mencionadas había paquistaníes, turcos y mexicanos. La necesidad de investigar cómo suceden todas estas conexiones es urgente, pero los gestores de fondos se resisten a financiar investigaciones que no encajen en alguno de los marcos teóricos actualmente aceptables: "prevención del sida","violencia contra la mujer" o "tráfico de seres humanos".

Estos marcos reflejan inquietudes políticas particulares que surgen en el contexto de la "globalización ", y que son comprensibles. Los elementos de las historias relatadas por personas como las citadas pueden compartir algunas características con los discursos habituales sobre "tráfico","violencia" y "sida ", pero son marcos moralizadores y llenos de prejuicios, que tienen su origen en una postura política y no están abiertos a otros escenarios diferentes (por ejemplo, una mujer que admite que sabía que tendría que ejercer la prostitución en el extranjero y que estaba dispuesta a pagar para conseguir papeles falsos).

El deseo que tiene la gente joven de viajar, ver mundo, ganar mucho dinero y no prestar demasiada atención al tipo de trabajos que hacen mientras tanto, no es aceptado por los investigadores que parten de posturas morales; tampoco lo son las declaraciones de trabajadoras del sexo profesional cuando dicen que ellas son las que han elegido y las que prefieren el trabajo que hacen. Pese a todo, la investigación ética no puede nunca aferrarse al argumento de que las personas investigadas no saben lo que quieren.

¿Por qué investigamos, después de todo?

Un marco teórico se refiere a la idea global que motiva los proyectos de servicios o investigación. En el caso de los proyectos de servicios para las trabajadoras sexuales, el marco puede ser una misión religiosa de ayuda a personas en peligro, un concepto médico de reducir daños o una visión de la solidaridad o la justicia social. La mayoría de los proyectos con trabajadoras del sexo se centran en la prestación de servicios, más que en la investigación, por lo que a menudo resulta difícil trazar la línea que los separa. Los proyectos de servicios acumulan mucha información a lo largo del tiempo, pero parece ser que lo único que quieren saber los gobiernos es la nacionalidad de las personas, su edad, la primera vez que tuvieron relaciones sexuales y si saben lo que es un condón. Muchas ONG y trabajadores de acercamiento (outreach) desearían publicar otro tipo de información, investigar otro tipo de cosas. ¿Pero dónde y cómo? Si su propuesta de investigación no se ciñe a alguno de los marcos de investigación existentes respecto a la prostitución itinerante — "prevención del sida ","tráfico de seres humanos " o "violencia contra la mujer " — será difícil, cuando no imposible, encontrar financiación.

Algunas de mis propias investigaciones se centran en personas que trabajan con prostitutas, como los lectores de esta publicación. Existe una pequeña minoría que, en realidad, está interesada sólo en prevenir infecciones y, por tanto, se contenta con elaborar gráficos sobre tasas de ITS por nacionalidades. Pero incluso muchas de estas personas interesadas sólo en la epidemiología se sienten frustradas, porque casi todas las investigaciones siguen centrándose en la prostitución callejera y reproducen la misma información una y otra vez. Para estudiar mujeres como las que yo conocí el pasado mes de octubre, ninguno de los marcos mencionados antes es del todo adecuado. La prevención del sida y la salud pueden ser aspectos importantes para estas mujeres, pero no más que para cualquier otra persona, y no han sido víctimas de la violencia de nadie. Eso nos deja sólo con el marco teórico del "tráfico de seres humanos", pero resulta que esas mujeres no sólo participaron en la organización de sus viajes, sino que disfrutaron de algunas partes del mismo y estuvieron dispuestas voluntariamente a prostituirse para poder visitar lugares como Tokio y ganar más dinero del que podrían ganar en ningún otro sitio.

Ahora bien, si consideráramos que esas mujeres estaban realizando un viaje de trabajo, que les ofrecía la oportunidad de ver también algo de mundo, podríamos empezar a contar sus historias. Entre tanto, se pondrían de manifiesto un buen número de injusticias, la mayoría de ellas estructurales, y los investigadores quedarían satisfechos por haberlas detectado. Pero también saldría a relucir un aspecto de las vidas de estas mujeres del que nunca oímos hablar: que ellas son las máximas responsables de la historia de su vida y que son ellas las que deciden aceptar riesgos para abrirse camino en la vida: lo que los académicos denominan el protagonismo, o en inglés "agency".

Investigación sin prejuicios

El objetivo del investigador es encontrar respuestas a preguntas que ayudarán a las sociedades a conocerse mejor a sí mismas, y es inevitable que esas preguntas se planteen dentro de algún tipo de marco. Por ejemplo, las entrevistas con trabajadoras sexuales sobre sus vidas pueden realizarse dentro de un marco de "historias de la vida " que tiene como objetivo hacer oír voces que hasta ahora han estado marginadas. Las entrevistas con la policía para tratar de saber cómo se plantean su trabajo pueden realizarse dentro de un marco criminológico. También es posible realizar estudios etnográficos de los burdeles (antropología), encuestas sobre cómo se plantean el negocio los dueños de los clubes de alterne (estudios urbanos), estudios comparativos de personas antes y después de trabajar en el sector de la prostitución (estudios laborales, psicología), investigaciones sobre cómo funcionan las pequeñas redes de familiares y amigos para facilitar las migraciones (sociología). La lista de posibilidades es interminable, y todas ellas serían útiles para ampliar nuestro conocimiento de la industria del sexo y de las personas que trabajan en ella.

No obstante, con independencia del "campo" al que pertenezca el marco, no necesitamos más investigaciones impuestas por personas que creen saber mejor que nadie cómo deben vivir otras personas y que han adoptado ya una postura moralizadora antes de iniciar la investigación. Un ejemplo de ello es la frase: "Comenzamos este trabajo partiendo de la base de que la propia prostitución es una forma de violencia contra la mujer".1 Por el contrario, necesitamos muchas más investigaciones realizadas por personas muy cercanas a las vidas de las trabajadoras sexuales, o por las propias trabajadoras, pero que por encima de todo se comprometan a reflejar con sinceridad todos los puntos de vista e historias, por muy diferentes y conflictivos que sean, que surjan a lo largo de la investigación.

Migración como marco de investigación

En mi opinión, los estudios sobre migración constituyen el marco de investigación con más sentido para pensar en las cinco mujeres que conocí el pasado mes de octubre, así como en la gran mayoría de las personas que he conocido y que prestan servicios sexuales, domésticos y del "cuidado" (para niños, ancianos y enfermos). Cuando vivía en el Caribe, hablaba a menudo con personas que estaban pensando en irse al extranjero para viajar y trabajar como emigrantes, y esas son las mismas personas que están ahora trabajando en Europa, Australia y Japón. Si consideramos a estas mujeres como migrantes, en lugar de cómo "trabajadoras del sexo", sean o no víctimas de la explotación, podrán incluirse en el creciente número de investigaciones sobre diásporas, globalización, leyes de inmigración y relaciones internacionales. Un marco migratorio permite considerar todos los aspectos posibles de las vidas y los viajes de estas personas, las sitúa en períodos de crecimiento personal y aceptación de riesgos y no las obliga a identificarse como trabajadoras sexuales (o como empleadas del hogar,o "cuidadoras ", si lo prefieren).

La publicación de investigaciones que analizan las vidas de las trabajadoras sexuales migrantes desde perspectivas diferentes terminará influyendo en cómo las considera la sociedad en su conjunto. Revelará inevitablemente que una minoría es víctima de las enfermedades y la violencia, pero que la mayoría pueden considerarse personas emprendedoras y con recursos o trabajadoras pragmáticas que tratan de abrirse camino en medio de políticas y estructuras gubernamentales que están siempre en su contra. Los proyectos de reducción de daños y otros proyectos sociales podrían centrarse en ayudar a estas personas en una etapa concreta de sus vidas, pero también podrían extenderse a otras áreas sin tener que trabajar con la incomodidad de marcos estigmatizantes (los que consideran a todos los emigrantes como víctimas del tráfico de seres humanos o grupos de riesgo para la transmisión de enfermedades). Merece la pena intentarlo.

Nota

  1. M. Farley, Prostitution in Five Countries: Violence and Post-Traumatic Stress Disorder. En: Feminism & Psychology, Vol.8, N º 4, pág. 406, 1998.
Información sobre la autora

Laura Agustín ha sido toda su vida una trabajadora migrante y antigua educadora en Latinoamérica que ahora investiga y escribe sobre la industria del sexo, trabaja para la Open University, reside en España, y ha sido contratada por la OIT y la Comisión Europea para evaluar programas relacionados con el trabajo sexual. Modera una lista de correo electrónico llamada industriadelsexo.
Correo electrónico:laura@nodo50.org


Created: January 25, 2003
Last modified: July 5, 2003
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